"CONSTELACIONES".
EULALIA VALLDOSERA

Del 26 de Junio al 19 de Septiembre de 2003.
Basado en un método terapéutico
grupal que lleva el mismo nombre, este trabajo aborda el manejo de la
información y los diversos niveles narrativos que contienen unos
mismos hechos. En este trabajo, documento, descompongo, desmiembro y vuelvo
a recomponer diversas sesiones practicadas en la intimidad de un grupo
de personas anónimas.

Partiendo de un material documental la grabación
de las sesiones terapéuticas- , se sustrae, contrae o expande la
información audiovisual, para luego mostrarnos simult·neamente
esos diversos niveles que discurren a modo de capas superpuestas que conforman
un mismo hecho.
Así el comportamiento humano puede ser leído como una acumulación
de esas capas, algunas de ellas fuera de su control consciente, así
como se expanden más allá del propio individuo impregnando
a su grupo. Por otro lado este trabajo responde al medio inform·tico,
que elabora la información desmenuzando y separando cada una de
las intenciones del manipulador de la información mediante la separación
por capas de cada una de las operaciones destinadas a manipular la imagen,
el texto o el audio presentes en cualquier obra audiovisual.
Considerando las sesiones terapéuticas como pequeñas
obras en sí mismas, que nacen a partir de la reunión de
una serie de individuos anónimos, desconocidos entre ellos, los
cuales, de la mano de un guÌa conocedor de la técnica, aceptan
someterse a las leyes de esta práctica. Este método se basa
en la concepción del individuo como una antena receptora de fuerzas
extra personales que subyacen a nuestros comportamientos.
Las constelaciones pretenden un saneamiento afectivo de
la persona pasando por una mejor comprensión de las propias pautas
de infelicidad por lo que respecta mayormente a las cuestiones de naturaleza
relacional. Consideran el sistema familiar, actual o de origen, como dispositivo
central del destino individual.
La metodología de una sesión es la siguiente.
La persona aquí llamada cliente- que desea sintonizar con
una problemática particular de su vida, ejerce temporalmente de
director de escena. Previo intercambio de información con el guía
o terapeuta, éste le propone cuales van a ser las personas, mayormente
miembros de su sistema familiar, que van a formar parte de la constelación.
De entre los asistentes, el cliente escoge de forma intuitiva a representantes
para cada uno de estos roles, así como un representante para síÌ
mismo. Después se le pide que los ubique en el espacio, y los direccione
entre ellos, virtualmente dibujando una red emotiva que los une. El cliente
pasa a ser espectador de su constelación.
Inmediatamente, las personas colocadas, las cuales se desconocen entre
ellas, y apenas tienen información sobre los roles que estén
representando, empiezan a percibir impulsos, emociones y pensamientos
idénticos a los de las personas que encarnan. Los representantes
se dejan llevar, y una corriente de energÌa empieza a circular
entre ellos. Se desencadenan movimientos, gestos y palabras que hacen
evolucionar la constelación hacia un cierto orden.
En las escenas subsiguientes los participantes experimentan, en cada nuevo
movimiento, una nueva percepción anímica de sí mismos
y de la situación que les envuelve.
Una vez aflora el conflicto un estancamiento o bloqueo de esa energía-
que subyace en el sistema, el guía suele proponer una reparación,
mediante el gesto o la palabra, que los representantes deben practicar,
de modo que el sistema llega a cierto equilibrio. Luego pide al cliente
que se sitúe en escena en lugar de su representante, de modo que
pueda experimentar la nueva posiciÛn dentro del grupo que entrañaría
una solución del conflicto.
A manera de obra participativa, una constelación
puede ser vivida como un ritual con unas cualidades catárquicas
insospechadas. En cada constelación se solapan varios guiones que
corresponden a los niveles físico, emocional, analítico
y arquetípico. También puede ser comprendida en su carácter
escultural, geométrico los movimientos del alma van creando
líneas virtuales en el espacio-, o en el extremo opuesto, a un
nivel melodramático, lo que nos acercaría a los populares
contenidos de la programación telebasura.
Sin pretender analizar las consecuencias que esta terapia
tiene en sus practicantes, este trabajo puede resumirse en una suerte
de catálogo de emociones, sentimientos, actitudes e impulsos anÌmicos
que desvelan un cierto orden oculto y universal en todo ser humano. Pone
en evidencia la naturaleza energética del ser humano, y su canalización
a través de la mirada, el tacto, la ubicación en un espacio
y el enfoque direccional de las personas.
Es un reflejo fiel de esta dinámica terapéutica, que valora
la acción por encima de la reflexión, que funciona a base
de reconfigurar los personajes interiorizados por el individuo, restaurando
las corrientes amorosas y creativas naturales que circulan entre los componentes
de un sistema. Permite interiorizar una nueva imagen de mayor sintonÌa
con el sistema al que se pertenece, contactar con el propio destino y
vislumbrar soluciones alternativas.
Mientras constela, la persona va abandonando la propia posición
respecto al otro, a los otros, posición que ha ido adquiriendo
con el tiempo incluso determinada por el sistema en generaciones
anteriores a la actual- debido a la intervención de fuerzas mentales
que erróneamente se destinan a evitar la experiencia del dolor,
o perpetuan la incapacidad para digerirlo.
©Eulalia Valldosera, 2003